La importancia de elegir bien la contraseña:

Siempre que tengamos que delimitar un espacio privado en Internet, ya sea en la cuenta de correo, en el acceso al espacio ftp de nuestra página web, o a cualquier otro tipo de registro que tengamos (banco, foros o chats especializados, etc.); tendremos que emplear algún tipo de contraseña.

De la elección correcta de la misma puede depender que sigamos manteniendo dicha privacidad, lejos del acceso de cualquier "cotilla cibernético", o aún peor, de algún posible cracker que haga un uso ilegítimo de nuestro producto.

Por ello, desde aquí vamos a indicar una serie de sencillos y prácticos consejos, para una elección y uso correctos de las contraseñas.

El problema que tienen las contraseñas es que necesitamos que sean fáciles de recordar, y difíciles de descubrir para quien no las conozca. La primera solución que se nos ocurrirá será utilizar el número de DNI, la fecha de nacimiento, el número de teléfono, el nombre de la novia o novio (o del hijo, o perro). Pero precisamente, cualquier intruso empezará probando con ese tipo de datos, que tampoco son muy difíciles de averiguar; por lo que conviene descartarlos.

Tampoco conviene usar palabras normales y que aparezcan en el diccionario, como internet o bicicleta, pues hay programas que prueban este tipo de palabras.

Para que una contraseña sea práctica, debe tener mínimo 6 caracteres, y con algunas dificultades especiales. Es interesante combinar números y letras, y también -si es posible- mezclar mayúsculas y minúsculas. Un ejemplo: "Lvame8d" puede ser un buen modelo de contraseña. ¿Parece difícil de recordar? Esa ristra de caracteres corresponde a las iniciales de la frase "La vuelta al mundo en 80 días". Una buena estrategia es partir de una frase larga, abreviándola o usando las iniciales de las palabras. Otro ejemplo: con la frase "la nariz de Pinocho mide 1 metro", generamos "lndPm1m". Fácil de recordar, difícil de descubrir. Eso sí, hay que evitar vocales acentuadas y otros signos especiales que pueden dar problemas en ciertos servidores.

No hay que permitir que los programas informáticos memoricen la contraseña. Eso es cómodo, pero también es un riesgo grave si el disco duro llega a ser accedido por otras personas.

Otro problema añadido, es que a poco que utilicemos Internet, nos encontraremos que necesitamos demasiadas contraseñas (conexión, E-mail, para las firmas o certificados digitales, etc). Por ello es una posible idea escribir las contraseñas en un documento, ya sea un simple cuaderno o papel, o un documento de ordenador que guardaremos en un disquete. En ambos casos habrá que ponerlo a buen recaudo, por lo que no es del todo interesante.

También hay programas que guardan las contraseñas, encriptadas en el disco duro, pero la paradoja se da cuando para poder acceder nosotros, necesitamos una contraseña (una más).

Otra cosa a tener cuidado, es si por ejemplo en un foro de Internet, otro usuario nos pide un archivo concreto. Cuidado, porque puede que no sepamos que en ese archivo se guarde alguna de nuestras contraseñas. Además, tampoco hay que enviar nunca las contraseñas por correo electrónico, aunque el destinatario sea de total confianza, pues el correo puede ser fácilmente interceptado.

Tampoco hay que usar una misma contraseña para todo. Si queremos ahorrar contraseñas, podemos usar una sencilla y breve para los servicios menos importantes y otra más sofisticada para los servicios que más nos interesa proteger.

Por último, si en algún momento sospechamos que alguien puede haber descubierto nuestra contraseña, o que alguien puede haber accedido a uno de nuestros servicios privados, cambia la contraseña inmediatamente y avisa, a ser posible, al responsable de ese servicio.

 

Imprimir
Hacer Página de Inicio
Volver al Indice